El tercer factor que influye en el karma es el entorno en el que realizamos una acción. No actuamos en el vacío: el contexto, el ambiente emocional y social también modifican la energía de lo que hacemos.
Desde tiempos antiguos, las sociedades entendieron que el lugar importa. Por eso existen espacios considerados sagrados, donde ciertas acciones adquieren un peso distinto. No es lo mismo actuar con violencia en un templo que en otro contexto; el entorno amplifica el impacto de la acción.
En la vida diaria ocurre lo mismo. Las crisis, el miedo colectivo, la presión social o la incertidumbre influyen en nuestras decisiones. Durante momentos difíciles, como una emergencia global o una situación de estrés prolongado, muchas acciones se ven condicionadas por el entorno emocional.
Esto no significa que el entorno justifique todo, pero sí que modula el efecto del karma. Una acción realizada bajo presión no tiene el mismo peso que una acción consciente y deliberada.
Cuando comprendemos esta influencia, dejamos de juzgar rápidamente y comenzamos a actuar con más empatía, responsabilidad y equilibrio.
Parte 6: 21.02

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