Para cambiar nuestro destino, necesitamos crear los pensamientos correctos y, para que eso suceda de manera natural, necesitamos consumir información pura. En esta era de la información, existe un desbordamiento de conocimiento. ¿Nos detenemos a revisar la calidad de la información que estamos consumiendo? ¿Importa o podemos escuchar, leer y ver todo lo que se nos ofrece? Así como el alimento es una parte vital de nuestro cuerpo, la información es el alimento de la mente. Cada información que consumimos se convierte en la fuente de nuestros pensamientos. Cada pensamiento va seguido de un sentimiento. Los sentimientos, con el tiempo, desarrollan nuestra actitud. La actitud se expresa en acciones. Cualquier acción repetida se convierte en un hábito. Todos nuestros hábitos juntos conforman nuestra personalidad. Nuestra personalidad irradia energía y, según la ley del karma, la misma energía que emitimos es la que recibimos, lo cual se convierte en nuestro destino. Tomemos conciencia...
PARTE 2 Existen dos tipos de personas: quienes hacen que la situación se vuelva más pequeña mediante percepciones positivas y quienes la agrandan con percepciones negativas. Estas percepciones negativas se sostienen en cuatro preguntas: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿cuándo? y ¿qué? A ellas se suman las exclamaciones “¡si!” y “¡pero!”, que intensifican la carga emocional. Cuando aprendemos a elevarnos por encima de estas preguntas y exclamaciones, dejamos de amplificar el problema. La situación existe, pero ya no nos domina. Esto es volverse inmune o estable frente a las situaciones. La energía de nuestra conciencia moldea nuestras actitudes; las actitudes influyen en nuestras percepciones, y estas se reflejan en nuestras palabras y acciones. Esto nace de una conciencia libre de pensamientos negativos persistentes. Los pensamientos son la base de la percepción: los negativos se construyen con el tiempo, pero los positivos también. Cultivar pensamientos positivos de maner...