Dios no es alguien con quien regatear o a quien dar órdenes. Él escucha, comprende y ayuda sin pedir nada a cambio para sí mismo. Esto es lo que un verdadero amigo hace y Él es nuestro mejor y más fiel amigo. Una relación, sea con Dios o con un ser humano, requiere de cuidado y respeto a fin de mantener su frescura, su espontaneidad y su valor. Una relación corre siempre el riesgo de volverse aburrida y rutinaria, a menos que verdaderamente nos comprometamos. El verdadero amor no se compra, ni se vende ni se negocia. Solo puede existir si se da libremente. De la misma manera, una relación solo es verdadera cuando se escoge con libertad y sólo funciona cuando no tratamos de aprovecharnos de alguien. Desafortunadamente, a lo largo de los siglos la relación entre Dios y el ser humano ha sido impuesta a menudo a la gente por las religiones organizadas. Es esta imposición creada por el hombre la que ha dado por resultado los conceptos erróneos y los sentimientos negativos acerca de Dios...
“No debemos sólo pensar en Dios, debemos concentrarnos en ÉL. Pensar crea la teología, concentrarse crea una relación. Sólo la relación crea la experiencia." La relación es una mezcla de esencia, una fusión entre los seres, una integración de afinidades; y en especial, es una amistad basada y construida en la visión de igualdad y amor, amor que constantemente incrementa el sentimiento de autovaloración. La relación es amistad; una amistad no sólo incentiva, sino que comparte, multiplica y nutre lo mejor. Nunca sustrae o vacía, ya que hay mu- cho respeto para permitir que algo así suceda. Una verdadera relación honra la individualidad de la existencia del otro: en consecuencia, no hay ni un trazo de degradación como resultado del apego. Una relación llena de amor es el deseo más profundo del alma humana. Su experiencia y expresión dan significado y satisfacción a la vida. Ta relación nos inspira a alcanzar la felicidad más elevada y a desarrollar nuestro potencial más profund...