Animar significa recordarles a los demás lo bueno y puro que hay en ellos, una y otra vez. Esto sucede cuando les recuerdo lo que realmente llevan dentro. No lo que creen que llevan dentro, sino ayudarlos a descubrir que su esencia, su naturaleza innata, es paz, amor y luz. Visualízate sentado en una hermosa montaña. Puedes sentir la brisa fresca y pura en tu rostro. Hay una cascada a tu lado; puedes oír el agua cristalina caer por la montaña. Aquí reina una gran tranquilidad. Respira profundamente esta quietud. Toma otra respiración profunda de este aire fresco de montaña y este silencio, y deja que impregne cada fibra de tu ser. Te sientes completamente relajado y ligero. Ahora, derrama esta quietud, este amor y esta luz sobre el mundo. Imagina que llenas tu mente de silencio y, en rayos de luz espiritual, dejas que este fluya hacia las personas que conoces y hacia las personas del mundo. Ahora, llena tu mente de amor. Profundiza en tu interior y accede a tu bondad amorosa...
Animar es resaltar, iluminar el corazón de alguien, su esencia, sus buenas cualidades. Es ayudar a otros a utilizar esas cualidades para desenvolverse en la vida. ¿Cómo podemos animar genuinamente a las personas? Primero debemos encontrar su motivación y darles la fuerza para perseverar. Todos llevan bondad y valores positivos dentro. Debemos encontrarlos y resaltarlos. Cuando lo hacemos bien, las personas se levantan y progresan en la vida. El ánimo impulsa a las personas a seguir adelante, les ayuda a dar lo mejor de sí mismas. El desánimo es lo opuesto a la determinación. Las personas desanimadas han perdido su determinación. Han perdido su valentía. Las animamos recordándoles una y otra vez su bondad innata, su determinación y valentía interior. Podemos lograrlo si entendemos realmente a las personas y les recordamos lo que llevan dentro. Aunque animar parezca implicar decirles a los demás que hagan algo, el mejor estímulo es mostrarles lo que llevan dentro. Nos inspiram...