Sentirse sostenido y estar satisfecho están profundamente conectados. El sostenimiento proviene de tres fuentes. Primero, nuestro firme compromiso de mantenernos satisfechos sin importar las circunstancias. Esto sostiene nuestra mente y nuestro corazón. Segundo, pasar tiempo de calidad con el Alma Suprema fortalece la comprensión de dónde proviene el verdadero sustento en la vida. Tercero, encontramos sostenimiento cuando primero abrazamos el ser y luego procedemos a hacer, en lugar de lanzarnos a este mundo de hacer, competencia e imágenes. Creemos primero un espacio espiritual para nosotros mismos y encontremos sostenimiento y plenitud a través de nuestra relación con el Alma Suprema. En este espacio, ya no corremos frenéticamente de un lado a otro, persiguiendo, compitiendo, comparando... Cuando le niegas espacio a tu mente para la comparación, la competencia, la crítica y las quejas , entonces llega el contentamiento. Debemos eliminar esas cuatro palabras fatal...
En un mundo que valora la velocidad, la perfección y el esfuerzo constante, la idea de la tranquilidad o serenidad, o calma se percibe casi como una rebeldía. Crecemos creyendo que el esfuerzo define el valor, que cuanto más nos esforzamos, más cerca estamos de la plenitud. Sin embargo, entre plazos de entrega y distracciones, perdemos el ritmo sereno del simple hecho de ser. El arte de la tranquilidad nos invita a recuperar ese ritmo: una forma más suave de transitar por la vida, que nutre la mente en lugar de agotarla. La serenidad suele malinterpretarse. No es pereza ni evasión, ni tampoco negación de responsabilidad. Es la habilidad de vivir con tranquilidad, sin luchas innecesarias. Es confiar en el fluir de la vida en lugar de intentar someterla a la fuerza. Cuando afrontamos la vida con serenidad, dejamos de luchar contra la corriente natural y permitimos que las cosas se desarrollen a su propio ritmo. En esa aceptación, ocurre algo poderoso: la mente empieza a descansar y la pa...