En la tradición espiritual de la India existe un concepto íntimamente ligado al karma: el dharma . Mientras el karma se refiere a la acción y sus efectos, el dharma señala la recta acción , aquella que está alineada con nuestro propósito y valores más elevados. Cada persona tiene un dharma particular. El dharma de un médico es cuidar y sanar; el de un maestro, educar; el de un padre o una madre, proteger y guiar. Cuando actuamos de acuerdo con nuestro dharma, el karma que generamos es naturalmente positivo. El problema surge cuando nos alejamos de ese propósito. Por ejemplo, si alguien utiliza su posición de poder para beneficio personal, aunque externamente cumpla un rol, internamente se genera un conflicto que afecta sus acciones y consecuencias. Vivir el dharma no significa perfección, sino coherencia. Implica preguntarnos: ¿esto que hago está alineado con lo mejor de mí? Cuando la respuesta es sí, la acción se vuelve ligera, clara y constructiva. Desde esta perspectiva, el kar...
El tercer factor que influye en el karma es el entorno en el que realizamos una acción. No actuamos en el vacío: el contexto, el ambiente emocional y social también modifican la energía de lo que hacemos. Desde tiempos antiguos, las sociedades entendieron que el lugar importa. Por eso existen espacios considerados sagrados, donde ciertas acciones adquieren un peso distinto. No es lo mismo actuar con violencia en un templo que en otro contexto; el entorno amplifica el impacto de la acción. En la vida diaria ocurre lo mismo. Las crisis, el miedo colectivo, la presión social o la incertidumbre influyen en nuestras decisiones. Durante momentos difíciles, como una emergencia global o una situación de estrés prolongado, muchas acciones se ven condicionadas por el entorno emocional. Esto no significa que el entorno justifique todo, pero sí que modula el efecto del karma . Una acción realizada bajo presión no tiene el mismo peso que una acción consciente y deliberada. 💥 Por eso es importa...