También es la capacidad de afrontar la realidad. Algunas relaciones no pueden volver a ser como antes. Algunas personas jamás se disculparán. Otras seguirán repitiendo el mismo comportamiento. Aceptar no significa estar de acuerdo. Significa dejar de luchar contra el hecho de que el pasado ya sucedió. Las breves pausas durante el día pueden ayudar a romper el ciclo del resentimiento. Durante un minuto, podemos preguntarnos: "¿Dónde está mi cabeza?" ¿Estoy recordando la lección o estoy recreando el dolor? “¿Me está ayudando este pensamiento ahora?” Entonces podemos reemplazar el patrón antiguo con un pensamiento elegido: “La escena ha terminado.” “Conservo la sabiduría y me libero de la carga emocional.” “No necesito su sufrimiento para ser libre.” “Les devuelvo sus decisiones y asumo la responsabilidad de mi paz.” No todos los pensamientos merecen nuestra energía. Algunos parecen importantes por su intensidad emocional, pero no aportan ninguna solución. Preguntarnos repetidam...
Su comprensión les pertenece. Sus acciones pertenecen a su cuenta kármica. Mis pensamientos, decisiones y reacciones me pertenecen a mí. La ley del karma no necesita nuestra ira para funcionar. Cada pensamiento, intención, palabra y acción deja una huella en el alma que la origina. Quien actúa repetidamente movido por la ira, la deshonestidad o la crueldad, fortalece esas cualidades en sí mismo, independientemente de que las consecuencias sean inmediatamente visibles. No necesitamos convertirnos en administradores del destino de otra persona. Preguntarnos constantemente si han afrontado las consecuencias solo mantiene nuestra atención centrada en ellos. Una pregunta más útil es: ¿En qué tipo de alma me estoy convirtiendo a través de mi forma de responder? Esto no significa obligarnos a perdonar antes de estar preparados. Decir «Estoy en paz» mientras se reprime el dolor no es transformación. Quizás primero debamos admitir: «Me hirieron. Mi confianza fue quebrantada. Mi dignidad fue afe...