Cuando dejamos de culpar a otros y miramos hacia adentro con respeto propio y conciencia espiritual, restauramos la armonía entre la mente y el corazón. Culpar no da buenos frutos. Lo que sí lo hace es cultivar valores como el respeto propio, el coraje y la generosidad. Cuando mente y corazón no se entienden, aparece la depresión. Soluciones Tratar la mente como a un niño: con amor y paciencia. Practicar meditación y autoconocimiento. Recordar que somos almas pacíficas. Conectarse con el amor de Dios.
Todo en nuestras vidas se elige, consciente o inconscientemente. Todas tus decisiones de ayer, del año pasado, de hace diez años, han dado como resultado dónde estás hoy, qué haces hoy, qué te rodea hoy. Esto es difícil de aceptar para muchas personas. Prefieren ver la vida como algo predestinado o fruto de la suerte, y por lo tanto evitan asumir la responsabilidad de su propio destino. Existen muchos acontecimientos aleatorios, incontrolables e impredecibles, pero nuestro destino no está definido por estos acontecimientos, sino por cómo respondemos a ellos. Y nuestra responsabilidad —nuestra capacidad de respuesta— siempre está en nuestras manos. Si respondemos con deseo, probablemente nos decepcionaremos en algún momento al no obtener lo que queremos. Si respondemos con expectativa, también nos sentiremos defraudados. Si respondemos con enfado o frustración, solo nos debilitamos. El deseo, la expectativa y el enfado nunca son las mejores opciones. Hasta que no comprendas esto, no pod...