Su comprensión les pertenece. Sus acciones pertenecen a su cuenta kármica. Mis pensamientos, decisiones y reacciones me pertenecen a mí. La ley del karma no necesita nuestra ira para funcionar. Cada pensamiento, intención, palabra y acción deja una huella en el alma que la origina. Quien actúa repetidamente movido por la ira, la deshonestidad o la crueldad, fortalece esas cualidades en sí mismo, independientemente de que las consecuencias sean inmediatamente visibles. No necesitamos convertirnos en administradores del destino de otra persona. Preguntarnos constantemente si han afrontado las consecuencias solo mantiene nuestra atención centrada en ellos. Una pregunta más útil es: ¿En qué tipo de alma me estoy convirtiendo a través de mi forma de responder? Esto no significa obligarnos a perdonar antes de estar preparados. Decir «Estoy en paz» mientras se reprime el dolor no es transformación. Quizás primero debamos admitir: «Me hirieron. Mi confianza fue quebrantada. Mi dignidad fue afe...
A menudo creemos que el resentimiento crea distancia entre nosotros y la persona que nos hirió. En realidad, puede mantenernos profundamente conectados a ella. El incidente puede haber terminado hace mucho tiempo, pero nuestra mente lo revive constantemente. Recordamos sus palabras, imaginamos conversaciones diferentes, esperamos una disculpa o anhelamos que la vida les haga comprender el dolor que causaron. Puede que la persona ya no esté presente, pero sigue ocupando nuestros pensamientos. Por lo tanto, el resentimiento no es liberarse de alguien. Es una relación interna continua con esa persona. Superar el resentimiento no significa negar lo sucedido. No significa justificar el comportamiento dañino, volver a confiar en la persona ni permitirle regresar a nuestra vida. La comprensión espiritual jamás debe usarse para excusar la deshonestidad, la crueldad, la manipulación o el abuso. Podemos reconocer que cada persona es un ser con sus propios hábitos, debilidades y patrones emociona...