Primero, dile “sí” a tu destino. Cómo sería confiar en que no estás sola, que la mano y la compañía de lo Divino están siempre contigo, guiándote incluso si no puedes hacer más que escuchar. “Sí” significa que no tienes que pensar demasiado. “Sí” significa que la energía del flujo está presente en tu vida. “Sí” significa que la resistencia desaparece, liberando una enorme cantidad de energía. “Sí” a los demás significa que dejas de intentar controlar el mundo entero. “Sí... enséñame” te hace humilde, y la humildad permite cercanía, florecimiento y novedad. “Sí” comprende que, si no hay energía para algo, eso de todos modos no sucederá. “Sí” permite que lo que sea que esté de acuerdo con tu objetivo tendrá un espacio en el que desarrollarse, incluso si no puede verse en un comienzo. “Sí” es un estado de alivio; de ya no tener que determinarlo todo, saberlo todo, supervisarlo todo, controlarlo todo.
En este momento sagrado de cambio, se nos invita a hacer una pausa… a reflexionar… y a levantarnos. Este no es un momento cualquiera. Es un momento para redescubrir nuestra mejor versión. Cada escena que nos rodea tiene un significado. Cada desafío es una oportunidad para el despertar interior. Estamos presenciando extremos en el comportamiento humano. A veces, la ira, la división y el miedo se manifiestan con fuerza. Estas escenas pueden perturbar la mente si se lo permitimos. Pero junto a esto, también está emergiendo algo hermoso. Estamos viendo amabilidad, coraje, gente que se ofrece a ayudar, a servir, a cuidar. Cuando la oscuridad aumenta, la luz también debe aumentar. La pregunta no es: “¿Qué está pasando en el mundo?”. La pregunta más profunda es: “¿Qué está pasando dentro de mí?”. La verdadera elevación no empieza afuera. Empieza en la consciencia. Cuando me estabilizo en la consciencia de que soy un ser pacífico y poderoso, dejo de reaccionar ante las situaciones y empiezo a ...