Si el karma es acción, la intención es su alma. Dos personas pueden realizar exactamente la misma acción y, aun así, generar resultados completamente distintos. ¿La diferencia? La intención con la que actúan. La intención es el motivo interno que impulsa lo que hacemos. No siempre es visible para los demás, pero tiene un impacto profundo en la energía que se genera. Por ejemplo, ayudar a alguien puede surgir del deseo genuino de servir o de la necesidad de reconocimiento. Externamente la acción es la misma, pero internamente el efecto es muy diferente. Muchas de nuestras acciones diarias son automáticas: respirar, caminar, hablar, responder mensajes. En estos casos, la intención suele ser neutra. Sin embargo, cuando hay una carga emocional —enojo, miedo, amor, compasión— la intención comienza a influir directamente en el karma que generamos. Tomar conciencia de la intención no significa juzgarnos, sino observarnos. Preguntarnos: ¿desde dónde estoy actuando? transforma la calidad d...
La mayoría de nosotros iniciamos relaciones buscando amor, respeto y aceptación, sin darnos cuenta de que nuestro rol es dar, no recibir. Y cuando nuestras expectativas no se cumplen, intentamos cambiar a las personas, lo que significa que no las aceptamos. Les enviamos energía negativa, lo que provoca que se alejen de nosotros. Nuestras relaciones, especialmente con seres queridos, son muy prometedoras, pero hoy en día las personas se están distanciando a un ritmo alarmante. La buena noticia es que una de las dos personas puede asumir la responsabilidad de sanar a la otra y recomponer su vínculo. 1. Haz una introspección sobre tu contribución a la mudanza de un ser querido. Reflexiona sobre tu percepción de esa persona: tal vez la percibiste negativamente, creaste pensamientos negativos, te sentiste negativo, desarrollaste una actitud negativa, te comportaste negativamente y, por lo tanto, transmitiste energía negativa. 2. Medita a diario para fortalecer tus cualidades de a...