Si no podemos discernir cómo afectan nuestros actos a los demás, cómo nublan nuestra mente los malentendidos y maneras habituales de comportarnos, no podremos mejorar y, entonces, volveremos a caer en la trampa de discriminar y juzgar. Muchas veces no «vemos» al ser y, por consiguiente, perpetuamos ciclos de conflictos, rencor e infelicidad, tanto en nosotros como en quienes nos rodean. Lo que no podemos ver no podemos cambiarlo, por lo que la situación empeora. El esclarecimiento o el clic de algo que se enciende significa la visión o el discernimiento de la realidad. Con este cambio de conciencia nos liberamos enormemente de los miedos, las dudas y la fluctuación del pensamiento que puede paralizar nuestras vidas. Uno de los principales beneficios del discernimiento es que revela la fuente de nuestra fuerza interior, de nuestra fortaleza, lo que significa no tener que recurrir a la ira, las comparaciones, las etiquetas y las amenazas frente a la oposición o ante una situación difícil...
Cuando eres consciente y aceptas que todo a tu alrededor está en constante cambio, y que no tienes control sobre el 99,99% de ello, ¡eres capaz de aceptar el cambio como a un amigo cercano! El cambio es como un río, que fluye constantemente y mueve las cosas. El río de la vida te trae continuamente ideas, personas y situaciones; cada una es una oportunidad para enriquecerte, enriquecer a otros y aprender. El cambio es el juego del universo, que nos entretiene con el mayor espectáculo de luz y sonido de todos los tiempos. ¿Por qué no relajarse y disfrutar del espectáculo?