Cuando decidimos que la calma, la serenidad, la armonía y la calidad de vida son fines esenciales para nosotros, no es exagerado decir que vamos a tener que nadar contracorriente. Es evidente que todo lo que gira a nuestro alrededor nos invita a dejarnos atraer por un sofisticado y fascinante abanico de posibilidades y, por tanto, encontrar el punto de equilibrio no parece, a priori, algo fácil. Sin embargo, progresaremos cuando nos convenzamos de la importancia de simplificar y de la necesidad de volver a experimentar un estilo de vida más sencillo. Para preservar la calma, una de las condiciones que nuestra mente requiere es reducir la velocidad, crear espacio, desacelerar, poner un freno. Parar y preguntarnos si realmente necesitamos toda esta parafernalia. Y volver a cultivar el precioso regalo de la sencillez. Recuperar el valor de una conversación serena y tranquila, con aquellas personas con las que sintonizamos y compartimos valores e ilusiones. Saber poner los...
Aun cuando estamos despiertos y conscientes del mundo que nos rodea, es como si estuviéramos dormidos e imposibilitados de ver el mundo tal cual es, imposibilitados de ver los acontecimientos bajo su verdadera luz. La palabra “ver”, en realidad, significa “percibir”. Nuestro intelecto percibe el mundo y lo interpreta según las experiencias pasadas. Si hemos aprendido a creer que somos cuerpos y no almas, si hemos aprendido a creer que nuestras emociones son creadas por las otras personas, si hemos aprendido a creer que el mundo evoluciona de una forma positiva y progresiva, esas creencias influirán de cierta forma en nuestra percepción e interpretación de otras personas, situaciones y acontecimientos mundiales. Nuestros pensamientos, emociones y conductas responden a ello. Cada una de esas creencias está equivocada. En esencia, estamos con los ojos cerrados frente a la verdad, por eso transitamos dormidos por la vida y ni siquiera lo sabemos. A raíz de convicciones erróneas, creamos al...