Con frecuencia se habla del karma como si fuera algo negativo. Frases como “eso es tu karma” suelen estar cargadas de reproche o miedo. Sin embargo, el karma no es bueno ni malo; lo que varía son las consecuencias de nuestras acciones.
Toda acción tiene un efecto, y ese efecto depende de múltiples factores. Por ejemplo, un médico que utiliza un cuchillo para operar salva una vida; una persona que usa el mismo objeto con violencia causa daño. La acción externa puede parecer similar, pero la intención y la conciencia detrás de ella son completamente diferentes.
El problema surge cuando solo asociamos el karma con el sufrimiento. Esto genera una visión pesimista de la vida, como si estuviéramos atrapados en una rueda inevitable de problemas. Desde esta perspectiva, la ley del karma se percibe como una prisión.
Sin embargo, cuando la comprendemos desde un enfoque espiritual, el karma se convierte en una herramienta de transformación. Cada acción consciente, cada pensamiento positivo y cada intención elevada generan resultados armoniosos.
El karma también incluye acciones neutras: respirar, caminar, levantarse de la cama. Todo cuenta. La clave no es evitar actuar, sino actuar con conciencia, entendiendo que cada momento es una oportunidad para sembrar algo mejor en nuestra vida y en el mundo.
Parte 3 13.02

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