“La verdadera libertad es la capacidad de hacer lo que debemos hacer, de seguir el camino de la bondad, la verdad y el dharma.” Dadi Janki
Hay un poder silencioso y sagrado en la verdad. No es la clase de verdad sobre la que discutimos, sino la verdad más profunda que reside en nuestro interior: la voz del alma, el susurro de una conciencia sutil, el conocimiento interior que nunca desaparece, incluso cuando elegimos no escuchar. Mucho antes de que aprendamos a explicarnos, esta verdad ya sabe quiénes somos.
Seguir tu verdad da sus frutos porque te alinea con la vida misma. Cuando eres sincero —primero contigo mismo y luego con el mundo—, entras en armonía con algo más grande que el ego, entras en armonía con la fuerza vital del Universo. Muchas tradiciones espirituales nos dicen lo mismo en diferentes idiomas: cuando vives en la verdad, vives en armonía con lo divino, con el dharma, con el orden natural de las cosas.
La verdad a veces duele, especialmente cuando toca el ego.
La verdad disuelve la ilusión. ¡Y el ego sobrevive gracias a la ilusión! El ego prefiere la comodidad a la claridad; la familiaridad a la libertad y la oscuridad a la luz. Por eso, la verdad a veces puede resultar confrontativa y un poco aterradora; no porque sea cruel, sino porque nos pide que dejemos atrás quienes creíamos ser, que dejemos atrás la ilusión del falso yo. Y por eso también nos resistimos a quienes dicen la verdad. Se convierten en nuestros espejos, reflejando aquello para lo que quizás aún no estemos listos: la verdad interior.
Así que usamos máscaras. Espiritualmente hablando, estas máscaras son capas que colocamos sobre nuestra verdadera naturaleza original. Aprendemos a actuar, a complacernos y a protegernos. Pero cada máscara crea separación: separación de los demás y, aún más dolorosa, separación de nuestra propia alma. Cuanto más vivimos así, más inquietos y cansados nos volvemos, incluso si todo parece "bien" por fuera. Caemos cada vez más rápido, a medida que nos perdemos y nos agotamos.
Cuando empezamos a seguir nuestra verdad, algo sagrado se revela. Regresamos a nosotros mismos y recuperamos nuestro poder. Dejamos de traicionar nuestro conocimiento interior. Dejamos de luchar contra la corriente de la vida y comenzamos a fluir con ella. Hay una ligereza que surge al vivir con honestidad, no porque la vida se vuelva perfecta, sino porque la resistencia se disuelve al adentrarnos en la unidad del Universo.

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