La ley del karma es una de las leyes universales más antiguas y, al mismo tiempo, una de las más malinterpretadas. Generalmente se asocia con castigo, destino o mala suerte, pero en realidad el karma es algo mucho más simple y natural: acción y reacción.
Todo lo que hacemos genera un efecto. Así como inhalamos oxígeno y exhalamos dióxido de carbono, cada acción produce un retorno. Este principio no es exclusivo del ámbito espiritual; lo vemos constantemente en la naturaleza y en la vida cotidiana. Si sonrío a alguien, es probable que reciba una sonrisa. Si actúo con dureza, la respuesta será similar.
La palabra karma proviene del sánscrito karman, que significa acción. No se trata únicamente de grandes decisiones, sino de todo lo que hacemos a lo largo del día: hablar, caminar, respirar, pensar. Incluso cuando creemos que “no estamos haciendo nada”, seguimos generando karma.
Comprender esta ley nos invita a asumir responsabilidad sobre nuestra vida. No desde la culpa, sino desde la conciencia. Cuando entendemos que somos creadores constantes de experiencias, recuperamos nuestro poder interno y comenzamos a vivir con mayor atención, calma y coherencia.
La ley del karma no juzga: simplemente responde. Y esa respuesta siempre es una oportunidad para aprender y crecer.
Parte 1 de 9 - Se publica viernes y sábado hasta terminar
Parte 2 - 7.02

Comentarios
Publicar un comentario