PARTE 2
Existen dos tipos de personas: quienes hacen que la situación se vuelva más pequeña mediante percepciones positivas y quienes la agrandan con percepciones negativas. Estas percepciones negativas se sostienen en cuatro preguntas: ¿cómo?, ¿por qué?, ¿cuándo? y ¿qué? A ellas se suman las exclamaciones “¡si!” y “¡pero!”, que intensifican la carga emocional.
Cuando aprendemos a elevarnos por encima de estas preguntas y exclamaciones, dejamos de amplificar el problema. La situación existe, pero ya no nos domina. Esto es volverse inmune o estable frente a las situaciones.
La energía de nuestra conciencia moldea nuestras actitudes; las actitudes influyen en nuestras percepciones, y estas se reflejan en nuestras palabras y acciones.
Esto nace de una conciencia libre de pensamientos negativos persistentes. Los pensamientos son la base de la percepción: los negativos se construyen con el tiempo, pero los positivos también.
Cultivar pensamientos positivos de manera constante, a través de la sabiduría espiritual y la meditación, fortalece la mente.
Como agua limpia que reemplaza al agua sucia, la positividad sostenida elimina las dudas y reacciones negativas, permitiéndonos vivir con claridad, estabilidad y fortaleza interior frente a cualquier situación.

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