Tras finalizar una reunión, tómese unos segundos para hacer una pausa antes de abrir su próximo correo electrónico.
Tras finalizar una llamada telefónica, respira hondo una vez antes de continuar.
Al salir del trabajo, concéntrate en decirte a ti mismo: "El trabajo de hoy ha terminado".
Cuando llegues a casa, llega por completo, no físicamente, mientras tu mente permanece en la oficina.
Estas sencillas pausas crean una sorprendente sensación de libertad.Otra pregunta útil es:
"¿Me está ayudando este pensamiento ahora?"
Si la respuesta es no, no tienes por qué darle vueltas. Simplemente puedes dejar que pase, como si vieras una nube desplazarse por el cielo.
Con el tiempo, notarás algo extraordinario.
Te vuelves más presente en las conversaciones porque tu mente no está en otro lugar.
Tomas decisiones más claras porque tu pensamiento no está saturado.
Duermes mejor porque el ayer no compite con el mañana.
Lo más importante es que empiezas a descubrir que la paz no es algo que tengas que crear. Es algo que surge de forma natural cuando el ruido mental innecesario se calma.
La vida siempre traerá nuevos retos, responsabilidades y relaciones. No podemos controlar todos los acontecimientos que se nos presentan.
Pero podemos aprender a no llevar con nosotros todos los acontecimientos.
La libertad no reside en tener menos experiencias.
Se encuentra en saber cuándo una experiencia ha terminado.
Cuando aprendemos a dejar que cada momento termine, le brindamos al siguiente el regalo de nuestra plena atención. Y quizás ese sea uno de los mayores regalos que podemos ofrecernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

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