La expresión 'Dios es amor' encierra
una verdad. El amor sólo expresa lo positivo: nunca se dirige hacia lo erróneo,
sino sobre lo que es intrínsecamente bueno de una persona. El amor tiene el
poder de diluir la negatividad Cuando hay amor no existe el deseo de competir o
dominar al otro porque, en cierta forma, el otro soy yo mismo. Cómo valoro al
otro es el reflejo de cómo lo hago conmigo mismo.
El amor crea un respeto constante por todas las cosas. El
amor sin respeto degenera en conveniencia; se pierde el honor.
Dios nos honra a cada uno. Donde hay amor sincero nunca
habrá desavenencias: cuando se cometen errores o faltas no es necesario lamentarse
constantemente, ni pedir perdón una y otra vez. Ya se nos ha perdonado. El
problema es que no nos perdonamos. El perdón a nosotros mismos sólo es posible
cuando dejamos de hacer aquellas cosas que nos roban nuestro auto respeto
Una relación con Dios nunca implica dependencia. No está
coloreado con el sentimiento de posesión, exigencias o expectativas. Nunca nos hace
sentir incómodos si no estamos a la altura de las expectativas. Dios tiene fe
en nuestro potencial.
Él nos libera, haciéndonos independientes. Esta
independencia llega cuando encontramos nuestra identidad espiritual. Aprendemos
a tener fe en lo que somos y a tener el valor para comprenderlo. La
independencia espiritual nunca crea arrogancia. Nos mantiene siempre cercanos
unos a otros.
El amor genera confianza y la confianza es el corazón de una
relación. La confianza proviene de saber que esta relación, esta amistad, tiene
permanencia. Este es un compromiso.
El amor conserva la lealtad. La lealtad es el resultado de
que cada uno reconoce el valor del otro. La lealtad se manifiesta cuando existe
la voluntad crecer juntos, cuando aprendemos a aceptar toda limitación y a
utilizarla como un puente hacia la generosidad. La generosidad pasa por alto
las debilidades y mantiene nuestra visión enfocada en su verdadero ser.

Comentarios
Publicar un comentario