Un corazón ligero no es un corazón descuidado. Un corazón ligero es un corazón fuerte.
Cuando alguien nos causa dolor, es fácil revivir la escena una y otra vez. Recordamos lo que dijo, cómo lo dijo, lo que deberíamos haber dicho y lo que podríamos decir la próxima vez. Sin darnos cuenta, esa persona ya no está solo presente, sino que vive en nuestra mente sin pagar alquiler.
Un maestro de sí mismo recupera ese espacio con delicadeza.
En lugar de pensar: "¿Por qué me hicieron esto?",
puedo intentar pensar: "¿Cómo puedo responder de una manera que proteja mi
paz?".
En lugar de pensar: "Me arruinaron el día", puedo
recordarme a mí mismo: "Todavía tengo la opción de decidir qué hacer con
el resto del día".
En lugar de pensar: "No puedo seguir adelante",
puedo decir: "Estoy aprendiendo a dejarlo ir".
Esto no significa permitir que nos traten mal. Establecer
límites es saludable. Decir no puede ser pacífico. Tomar distancia puede ser
prudente. Podemos ser amables sin estar presentes en cada drama. Podemos
perdonar sin volver a abrir la misma puerta.
Ser ligero no significa ser débil. A veces, la respuesta más
leve es también la más fuerte.
Un ejercicio sencillo consiste en hacer una pausa y
preguntarse: ¿Qué cualidad quiero aportar a este momento? Quizás
la respuesta sea la paciencia. Quizás sea el coraje. Quizás sea el silencio.
Quizás sea el humor. Quizás sea simplemente la decisión de no magnificar la
situación más de lo necesario.
No todos los comentarios requieren una reacción. No todos
los estados de ánimo requieren nuestra intervención. No todos los problemas
deben convertirse en nuestra carga personal.
Algunas cosas se pueden manejar con delicadeza. Algunas
cosas se pueden dejar ir. Algunas cosas se pueden dejar en manos del tiempo.
Cuanto más practico esto, más libre me siento. Ya no
necesito que todos se comporten a la perfección para sentirme bien. Ya no
necesito que todo salga como yo quiero para sonreír. Ya no dejo que otros
controlen mi felicidad.
Todavía puedo sentir. Todavía puedo preocuparme. Todavía
puedo actuar. Pero no tengo por qué estar en todas direcciones.

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