Dios no es alguien con quien regatear o a quien dar órdenes. Él escucha, comprende y ayuda sin pedir nada a cambio para sí mismo. Esto es lo que un verdadero amigo hace y Él es nuestro mejor y más fiel amigo.
Una relación, sea con Dios o con un ser humano, requiere de cuidado
y respeto a fin de mantener su frescura, su espontaneidad y su valor. Una
relación corre siempre el riesgo de volverse aburrida y rutinaria, a menos que
verdaderamente nos comprometamos.
El verdadero amor no se compra, ni se vende ni se negocia.
Solo puede existir si se da libremente. De la misma manera, una relación solo
es verdadera cuando se escoge con libertad y sólo funciona cuando no tratamos
de aprovecharnos de alguien. Desafortunadamente, a lo largo de los siglos la
relación entre Dios y el ser humano ha sido impuesta a menudo a la gente por
las religiones organizadas. Es esta imposición creada por el hombre la que ha
dado por resultado los conceptos erróneos y los sentimientos negativos acerca
de Dios. En lugar de tenerlo como un ser al que podemos estar cercanos, hemos
imaginado un Dios vengativo y castigador, que provoca temor. Dios es un ser
eternamente puro, y un ser puro nunca podría castigar violentamente como nos
han enseñado a creer.

Comentarios
Publicar un comentario