Un pensamiento útil para la mañana es:
“Hoy mantendré la mente ligera. Trataré a la gente con
amabilidad. Responderé con dignidad. No me preocuparé por las cosas pequeñas.”
Durante el día, incluso una pausa de un minuto puede marcar
la diferencia. Respira hondo. Relaja los hombros. Aléjate del ruido.
Pregúntate: "¿Quién tiene el control ahora mismo: la paz o la
presión?".
Por la noche, deja que el día termine. No te lleves todas
las conversaciones a la cama. Deja a un lado las preocupaciones. Suelta lo que
no salió perfecto. Aprecia lo que salió bien. Perdónate a ti mismo. Perdona a
los demás. Mañana será un nuevo comienzo.
Ser un maestro de uno mismo no significa vivir una vida perfecta. Significa vivir con un poco más de consciencia, un poco más de humor, un poco más de paciencia y mucha más amabilidad hacia uno mismo y hacia los demás.
El mundo seguirá cambiando. La gente seguirá teniendo sus
propios hábitos, opiniones y estados de ánimo. La vida seguirá deparando
sorpresas. Pero en mi interior, puedo encontrar la serenidad.
Puedo ser pacífica sin ser pasiva. Amar sin sentirme
abrumada. Ser responsable sin sentirme agobiada. Ser fuerte sin estar siempre
seria.
Esa es la alegría del dominio interior.
Un maestro de sí mismo no espera a que todo se calme a su
alrededor para encontrar la paz. Crea paz en medio de la vida. Sonríe un poco
antes. Suelta un poco más rápido. Elige la calma con más frecuencia.
Y desde ese lugar luminoso y estable, iluminan
silenciosamente el mundo que les rodea.

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