Por Anthony Strano
Introducción
Cuando vivía en Estambul hace ahora ocho años, un día una tormenta de nieve azotó la ciudad y me dejó "encerrado" en casa. ¿Qué hacer? Sentarme al ordenador y pasarme el día metido en Google, leer un libro, llamar por teléfono. escribir cartas a los amigos, dormir, deprimirme... Ante mí se abrían muchas posibilidades, cual privilegios o regalos que la situación meteorológica me ofrecía.
Tuve la intuición de que no debía desperdiciar la oportunidad de reflexionar sobre lo que había hecho durante mi vida, y hacia dónde me dirigía. Unos veintitrés años antes había ingresado en la Universidad Espiritual Mundial Brahma Kumaris, cuyos conocimientos y prácticas me habían dado una idea última sobre mí mismo y sobre el cambio personal. Mientras ponderaba mi situación rodeado de nieve, me planteé algunas preguntas: ¿Había conseguido el tipo de vida que deseaba? ¿Había autenticidad en lo que había elegido hacer? ¿Era genuina mi conexión con la vida con Dios, con los otros?
Afuera estaba la nieve ese blanco y persistente silencio; y yo estaba solo, explorando mis experiencias pasadas, para llegar a captar la importancia de mi identidad espiritual, y darme cuenta de que la vida cambia cuando yo cambio, y que mi libertad y mi felicidad se basan en mis opciones personales y en la responsabilidad por sus consecuencias. Deje de culpar a los demás, de esperar en ellos, formular conclusiones y juicios, porque con ello siempre perdía perspectiva.
En aquel apartamento de Estambul decidí aceptar que debía ir hacia adentro, y la naturaleza me ayudaba a hacerlo. Escribí algunas notas, porque la escritura siempre me aclara las ideas. Al principio describí esta experiencia a modo de impresiones que yo mismo evaluaría más adelante, pero de alguna manera sentí que debía articularlas en forma de libro, con la esperanza de que fueran útiles para aquellos que, como yo, deseen mejorar su calidad de vida.
Al retomar aquel libro, no he modificado los pensamientos básicos ni las conclusiones, pero he añadido algunas cosas; otras han sido eliminadas, porque he comprendido algunas cuestiones importantes, especialmente una nueva forma de percibir y de llevar a la práctica que me ha motivado a escribir esta nueva edición. Por ejemplo, aunque había oído hablar del poder del silencio, y en cierto modo lo había utilizado, hasta aquel momento no se había convertido en herramienta principal para generar espacios en la mente, espacios libres y abiertos para ser llenados por lo Divino, por la Vida, por mi propio yo. También he prescindido de la necesidad de evaluar lo "malo" y lo "bueno", porque todo tiene su razón de ser.
No puedo dejar de comentar un elemento muy significativo. En la primera edición de este libro había usado la palabra "ESCALONES para referirme al proceso de mejorar nuestra calidad humana. Ahora pienso que la palabra "MOVIMIENTOS" es mucho más apropiada. Los escalones suben lentamente, incluso se hacen pesados, suponen tiempo y esfuerzo y hacen pensar en una escalera fija. Mientras que el movimiento es rápido, ligero, flexible, y puede darse en cualquier dirección; únicamente debes olvidar el ancla cuando la necesidad del descanso ha concluido y estás a punto para una nueva aventura.
Como en el ajedrez, en la vida los movimientos son un juego que requiere pensar detenidamente y discernir. Como en el ajedrez, pierdes si permaneces demasiado tiempo en el mismo lugar.
Continúa...

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