Cuando dejamos de ser víctimas y nos volvemos hacia nuestro interior con autorrespeto, conciencia espiritual y el amor de Dios, restauramos la armonía entre la mente y el corazón y recuperamos nuestro poder interior.
Al enfrentar situaciones difíciles, podemos sentir la tentación de culpar a otros o de pensar que estamos siendo víctimas. Sin embargo, la semilla de la culpa no produce buenos frutos. Lo que realmente da buenos resultados es cultivar las semillas del autorrespeto, el valor y el altruismo, y expresar estos valores en la forma en que tratamos a los demás… y a nosotros mismos.
Cuando llega la temporada de siembra, un agricultor sabe que tiene trabajo por hacer. Su atención se centra en las semillas que debe sembrar. No puede darse el lujo de perder tiempo ni actuar con descuido. No pone excusas. Ahora es el momento de prestarnos ese mismo nivel de atención a nosotros mismos.
Tómate un momento para sentarte en silencio y escuchar cómo tu mente y tu corazón dialogan entre sí. La mente dice: “Estoy tan cansada y confundida que apenas puedo oírte. Lo único que quiero es dormir.” Observa también cuán infeliz se ha vuelto el corazón. El corazón dice: “No soy feliz siendo impulsado por deseos, y nunca he encontrado lo que realmente quería.” Pero nadie estaba escuchando. Así, estos sentimientos permanecieron enterrados en nuestro interior, cubriendo nuestro ser con capas de tristeza y dolor.
“Cuando la mente y el corazón no se entienden, el resultado es la depresión.”
– Dadi Janki
¿Qué se puede hacer al respecto?
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