Cuando dejamos de culpar a otros y miramos hacia adentro con respeto propio y conciencia espiritual, restauramos la armonía entre la mente y el corazón.
Culpar no da buenos frutos. Lo que sí lo hace es cultivar valores como el respeto propio, el coraje y la generosidad.
Cuando mente y corazón no se entienden, aparece la depresión.
Soluciones
- Tratar la mente como a un niño: con amor y paciencia.
- Practicar meditación y autoconocimiento.
- Recordar que somos almas pacíficas.
- Conectarse con el amor de Dios.

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