La palabra atmósfera tiene dos significados.
Uno se refiere al aire físico que nos rodea y el otro al efecto más sutil que las vibraciones del pensamiento crean en un espacio determinado. Nadie puede negar que la atmósfera de un restaurante abarrotado es diferente a la de un templo.
Esto se debe principalmente al efecto de los distintos tipos de pensamientos y sentimientos en ese espacio. Incluso alguien que no puede ver ni oír sería capaz de percibir la diferencia. Las vibraciones del pensamiento no se pueden ver, pero su impacto, tanto físico como no físico, es aún más poderoso e influyente.
El miedo y el dolor que experimentan las personas durante una estampida o un terremoto, y la inmensa alegría de la victoria en un partido de críquet, son ejemplos de cómo los pensamientos crean una atmósfera.
A un nivel más sutil, muchos de nosotros experimentamos la telepatía básica: estaba pensando en ti y me llamaste o me enviaste un mensaje. Los pensamientos conectan a las personas a grandes distancias. Los médicos nos informan de que más del 90 % de las enfermedades del cuerpo físico tienen un origen psicosomático.
Esto significa que son el resultado directo o indirecto de nuestro estado mental. Esto convierte al cuerpo humano en el ejemplo principal de cómo los pensamientos afectan a la materia.
Dado que el mundo está formado por los mundos colectivos y personales de todos los individuos, es fácil ver cómo la sutil atmósfera del mundo no es más que el efecto colectivo de todos nuestros pensamientos.

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