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❄ La comunicación



Una gran parte de nuestra comunicación es no verbal y pocas veces somos conscientes de cómo afecta a los demás. Nuestro tono de voz, el lenguaje corporal especialmente los ojos y la expresión del rostro, nuestras actitudes y sentimientos están comunicándose continuamente, expresando ira, miedo, amor, confianza o rechazo; en realidad, todas nuestras emociones. Podemos intentar ocultar lo que sentimos, pero solo por un tiempo: al final, la verdad siempre sale a la luz.

Para comunicarnos con claridad, el primer paso es el silencio: la capacidad de escuchar.

Además de escuchar, la comunicación implica compartir, comprender y disfrutar lo que los demás tienen para ofrecer. La comunicación auténtica nutre y cura.

La comunicación no ocurre solo con los demás, sino también con uno mismo, con Dios y con la naturaleza. Estar en silencio, concentrados y receptivos nos permite sintonizar con los demás y responder de forma adecuada y significativa, no solo mecánica.

¿Cuáles son los obstáculos que bloquean la comunicación positiva?

¿Reflexionamos antes de hablar o desviamos lo que realmente queremos decir? ¿Es clara nuestra comunicación o resulta confusa?

Algunas causas que dificultan la comunicación son:

El exceso de pensamientos, palabras y acciones, que nos sobrecarga e impide pensar con claridad; así perdemos la esencia de lo que deseamos transmitir.

Estar atrapados en nuestras propias emociones o ideas, lo que nos impide escuchar a los demás con atención.

Recordar el pasado de forma negativa, lo cual no permite sintonizar con el presente ni aprovechar las oportunidades del momento.

La falta de sinceridad. Cuando nuestros pensamientos y sentimientos son honestos y respetuosos, el corazón de los demás se abre y se construye una vía de confianza.

Crear percepciones y sentimientos negativos sobre los demás, etiquetándolos. Estos pensamientos, aunque parezcan ocultos, se comunican de manera sutil y generan tensión.

No soltar la negatividad acumulada. Para renovar nuestras relaciones es necesario liberar, a diario, esas percepciones y sentimientos que se acumulan sin darnos cuenta.

La falta de silencio. Adentrarnos en nuestro interior y colocar nuestros pensamientos y sentimientos en la “cuarentena del silencio” permite transformarlos. El silencio atenúa la ira, la culpa y las quejas que la acompañan.

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