A fin de cambiar las viejas actitudes y de terminar con nuestro condicionamiento necesitamos alejarnos del pasado, de lo que se nos ha dicho y particularmente de lo que creemos saber. Necesitamos estar un poco desapegados de nosotros. Para lograr cambios efectivos debernos buscar lo positivo en los demás y, por supuesto, en nosotros.Se han escrito muchos libros que hacen énfasis en que la autocuración y las mejores relaciones comienzan con nuestra propia visión positiva.Se nos exhorta a "buscar lo positivo en todas las cosas". Esa también debería ser nuestra actitud hacia Dios.
En silencio, podemos crear gradualmente una unión amorosa con Dios. Cuando le dedicamos tiempo al silencio y a la reflexión comenzamos a sentir a Dios como el Padre y la Madre cada vez más cerca. Hay tal dulzura en esta experiencia que el alma comienza a abrirse como una flor en el calor del Sol.
Esta cercanía, esta comunión con Dios la han experimentado muchas personas de diferentes culturas a lo largo de la historia. Por ejemplo, para Cristo es El Bienamado Dios, "Abba", una palabra usada entre los jóvenes para referirse a su padre y que expresa confianza y seguridad en su amor. En la India, la gente dice de Dios: "Tú eres la Madre, Tú eres el Padre". Y a menudo a Dios se le llama "Baba", un término de gran respeto y afecto. Dios, como el Padre es Verdad y como Madre, Amor. Las cualidades combinadas de estos dos papeles crean la dulzura imperecedera de Dios. Dios es dulce, dulce puesto que es gentil, amable y benévolo. Esta dulzura es señal de poder espiritual. Desafortunadamente, el énfasis que se ha puesto en el arrepentimiento", el infierno' y el castigo ha borrado nuestro sentido de la bondad inherente a Dios, de Su protección y Su dulzura.
Los antiguos habitantes de Egipto recordaban especialmente a Dios en términos del Amor la Verdad y como el Señor de la Dulzura. Su sentimiento de cercanía puede percibirse en esta antigua oracion a Ra, su dios sol:
Salve Ra, Señor de la Verdad,
tu santuario está escondido, Señor de dioses...
que escuchas la plegaria de aquel
que está cautivo;
cuyo corazón es bondadoso cuando
alguien te llama;
quien salva a los débiles de los fuertes,
a los humildes de los orgullosos;
por tu amor llega el Nilo,
Señor de Dulzura, grandioso en el amor,
y por tu advenimiento la gente vive.
Por Anthony Strano.

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