Por Marcelo Bulk
La soledad se está convirtiendo en un problema global. El Director General de Salud Pública de los Estados Unidos incluso la calificó como una crisis de salud pública, una epidemia, ya que la soledad a menudo abre la puerta a diversas enfermedades.Quizás conozcas esa sensación. Si es así, lo siento. Pero también quiero que sepas: hay maneras de superarla y experimentar algo diferente.
¿Cómo lo sé? Porque la soledad también formó parte de mi vida. Al crecer con mis abuelos, que siempre estaban ocupados, mientras mi madre trabajaba duro, a menudo me sentía excluido. Tampoco conectaba mucho con los chicos del vecindario. E incluso cuando estaba con otros, mi mente funcionaba de manera diferente; no me sentía cerca de nadie.
Las cosas empezaron a cambiar cuando entré a la Escuela de la Fuerza Aérea, EPCAR, en Brasil. ¡Es difícil sentirte solo cuando duermes en el mismo dormitorio con otros 200 muchachos! Esa experiencia derribó algunos de mis muros. Tuve que aprender a interactuar, a veces para sobrevivir, y poco a poco encontré gente con la que podía conectar. Por primera vez, estaba en sintonía con los demás.
Eso me lleva a mi primera sugerencia: EXPOSICIÓN. Ponte en situaciones en las que tengas que conectar con la gente. Estudia en grupo, trabaja en equipo, desafía tus percepciones, ten humildad y paciencia. Con el tiempo, los muros se tornan puentes.
Pero construir puentes demora. A mí me llevó años conectar con otros, sobre todo con personas con las que no me sintonizaba de forma natural. Aun así, me alegro de haber seguido intentándolo. Y me alegro de seguir intentándolo.
Aquí va mi segunda sugerencia: EXPANDE TUS PUENTES. Enseña y aprende, coopera y acepta cooperación. Sigue superándote. La soledad puede volver a visitarte (oops, alguien a la puerta...), pero cada puente que expandes facilita la reconexión.
Para mí, el puente más extenso fue cuando comencé mi camino espiritual. Para otros, podría ser trabajar la tierra, charlar con los vecinos o cualquier actividad que les ayude a ver la vida desde la perspectiva de otra persona.
Y finalmente, mi tercera sugerencia, quizás la menos obvia, pero profundamente transformadora: MEDITA. Siéntate en silencio cada día, aunque sea por unos minutos, y descubre los tesoros que existen dentro de ti. En lugar de ahogarte en la soledad, experimenta la riqueza de la solitud. En ese espacio interior, creces, y cuando regresas al mundo, tienes más por compartir, más por dar.
Sí, la soledad se está extendiendo, pero no tenemos por qué aceptarla como nuestro destino. Al exponernos, expandir nuestros puentes y meditar, no solo podemos sanar la soledad, sino que podemos evitar que vuelva a arraigarse.

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