De hecho, todas las almas humanas tienen en sí los principios eternos de lo Femenino y lo Masculino pero, de acuerdo al tiempo, uno de los dos se enfatiza más que el otro.
Dios, el Alma eternamente incorporal, también tiene en sí estos principios eternos, pero Él nunca adopta una forma fisica. Dios expresa las cualidades femeninas y masculinas a través de la energía sutil. Cuando la mente y el corazón están concentrados en Dios, entonces el ser humano puede percibir la Paternidad y Maternidad de Dios, es decir, el amor, el poder y la nutrición.
El primer papel que desempeñia Dios es crear. Ser creador es una característica del principio masculino eterno, razón por la que probablemente en muchas religiones se hace referencia a Dios como al Padre.
Un aspecto de Su creación es el de despertar a Sus hijos del profundo sueño del olvido. Dios envia energía y poder en la forma de pensamientos puros ayudándonos a recordar nuestra naturaleza original, pacífica y libre.Se ha dicho que la definición de verdad es recordar lo que se ha olvidado; y así el Padre despierta nuestro recuerdo para que una vez más podamos llegar a ser pacíficos y libres. Este despertar es de las limitaciones conscientes del mundo fisico. Esto nos permite percibir el horizonte del mundo espiritual.
Dios es el Padre y la Madre universal de todos. Él no es hindú, cristiano budista, musulmán, etc., ya que las religiones, aunque provienen de la inspiración divina, están hechas en este mundo. Dios no es un cristiano, un yogi o un budista, sino que Él les ama por igual y Él pertenece a todos
Dios tiene el poder de pertenecer a todos, porque ama y comprende a todos. En la misma medida en que Él es poderoso, es gentil. La verdadera fortaleza espiritual se manifiesta siempre con delicadeza y respeto. Dios nunca utilizarfa la fuerza o impondría su voluntad. Ninguna relación especial con Dios, puede desarrollarse, ni siquiera empezar, si hay presión en ella, porque presión es violencia. Cualquier tipod e violencia, ya sea en contra nuestra o de otros, viola la dignidad.
Por Anthony Strano

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