Nuestra herencia de Dios es felicidad, no sufrimiento. El verdadero amor no puede causar sufrimiento.
Dios es nuestro Bienamado Padre y Madre y nos da toda la fortaleza que requerimos para superar los efectos de los errores. Sin embargo, mien-tras no asumimos la responsabilidad personal de examinarnos y cam-biar, construimos una barrera inconsciente en contra del amor de Dios: un amor que puede sanarnos milagrosamente.
Dios trabaja por nuestra felicidad: nuestro Padre es el Océano de Felicidad, no el Océano de la Tristeza.
El regalo que Dios da como Padre eterno es el de liberarnos del sufrimiento. El amor nos da la fortaleza. Con el apoyo del amor divino no tenemos temor de los errores ni la presión de las expectativas.
Para mucha gente la imagen negativa de Dios como aquel que juzga y castiga, interfiere en la relación con Él. Mucha gente puede tener esta imagen negativa muy profunda, dependiendo de su tradición social y educación. Por lo tanto a menudo, cuando se menciona el nombre de Dios, hay un rechazo automático. Por lo general, las reacciones negativas se centran alrededor de palabras como castigo, infierno, arrepentimiento, pecado. Necesitamos tener un nuevo entendimiento una nueva imagen de Dios. Si comenzamos a pensar positivamente respecto a Dios, encontraremos una nueva relación con Él, una nueva forma de entendimiento de este Ser Supremo y amoroso.
Debemos empezar a entender que Dios, como un Ser de Eterna Bondad, debe poseer cualidades positivas y no negativas.Es como nuestra percepción de las personas: si nos aferramos a una visión negativa de ellas, si man-tenemos esto en nuestra conciencia, entonces nuestra relación con ellas no puede mejorar y nada cambiará. Reafirmamos nuestro propio punto de vista negativo, ya que vemos lo que esperamos ver. Nuestro condicionamiento preestablecido se afianza en cada encuentro y no podemos escapar de la trampa negativa que hemos creado. La relación está sentenciada.
Por Anthony Strano.

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