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Pequeñas dosis de sabiduría para grandes momentos de insensatez. Semana 5


Durante este aislamiento social, he tenido un tiempo en casa muy feliz y productivo, al mantener mi mente sana, mi corazón limpio y también el cuerpo saludable. En ocasiones, he tenido la sensación de estar experimentando un acoso informativo, a través de mi único medio de conexión con el exterior: el celular. 
Parecería como si todos aquellos en aislamiento social de repente encontraron en la virtualidad su forma de salir para entrar indiscriminadamente al mayor número posible de casas y conectar con muchos otros allá afuera. 
Parecería como si estar en casa fuera sinónimo de algo no natural, incorrecto, incómodo, que debe ser superado lo más pronto posible y con el mayor número posible de entretenciones externas a la distancia de tan sólo un click.
Y distancia fue lo que necesité para resignificar la compañía, la cercanía, los encuentros, la amistad, el amor, el hogar. Y sólo bastó hacer un click en mi conciencia para verdaderamente elegir quedarme en casa: reorganicé mi agenda diaria y aparté momentos específicos durante el día, para dejar de hacer y sentarme a ser.
En otras palabras, luego de estar inmersa en las responsabilidades, las acciones, las interacciones, me di pausas a horas específicas del día para reconectar conmigo misma, para darme cuenta acerca de lo que había estado pensado, las actitudes que estaba teniendo y la intención que motivaba cada una de las decisiones y acciones que había estado realizando; hice estas pausas todos los días para volver adentro, volver a mí misma, a mi centro, a mi esencia; con alegría, con atención plena, con amor puro y valentía. 
Sigo haciendo estas pausas para darme cuenta del desperdicio  y de la negatividad que he acumulado en mi mente y en mi corazón; seguiré haciendo estas pausas para contar mi fortuna: estos regalos del tiempo y la distancia, entre muchos otros. 
Continuaré haciendo estas pausas para afilar mis herramientas internas: pensamientos, palabras y acciones, de ser comunes y ordinarios los voy tornando elevados, divinos, especiales y únicos. 

Y entre pausa y pausa, una gran oportunidad de utilizar mis herramientas de la manera más digna y elevada; una gran oportunidad para volverme una chica súper-poderosa!





Haciendo este ejercicio espiritual diario, llegué al siguiente principio de mi decálogo:

MI   DECÁLOGO  DE PAZ Y FELICIDAD


Desde la mañana hasta la noche, utilizo el poder de la transformación en mis actividades

Reviso frecuentemente mis pensamientos y sentimientos, para identificar el desperdicio generado por las quejas, negatividad, crítica, inseguridad, miedo, comparación, culpa.  Libero mi mente cuando decido parar la producción de toda esa  basura interna para darle espacio a la apreciación, confianza, benevolencia, creatividad, compasión, auto-respeto. Con estos pensamientos y sentimientos, mi mente se torna calmada, pacífica y mi corazón está liviano y  limpio. Con una mente sana y un corazón limpio, no necesito cuidar mis acciones; ellas naturalmente son correctas, precisas, elevadas. Entonces, ¿cómo no estar feliz?

¡Que tengas una semana llena del poder de la transformación!

Por Dora Lucy Guarín

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