Las alas con las que son configurados los ángeles representan el equilibrio que el ángel desarrolla.
El que vuela no dice a los demás que vuelen, pero un pájaro empieza a volar y el resto hace lo mismo automáticamente. Algunos, en cambio, se quedan en la rama porque piensan que no pueden volar.
¿Cómo podemos desarrollar estas alas?
El primer equilibrio es entre el Espíritu y la Materia, el cuerpo. El ángel tiene un cuerpo, pero usa toda la energía del alma para guiarlo. Así, uno de los primeros aprendizajes es el de vivir en un cuerpo, consciente de ser energía espiritual que anima la materia y hace que se mueva. Actitud simple, pero compleja al mismo tiempo, porque nuestra cultura está orientada a hacernos creer que somos cuerpos y que la felicidad está conectada con la satisfacción de sus necesidades. ¿Y el alma? A menudo llora y no la oímos...
El segundo equilibrio es entre Saber y Trascender. No basta con conocer el bien, ni basta con conocer el mal. Ambas son parte de una realidad que se ha enredado entre la verdad y la falsedad. Quien cree que somos un poco de cada, y quien, en cambio, se da cuenta de que somos solo bien, pero hemos perdido energía y conciencia.
El ángel conoce la dimensión humana, los límites del egoísmo, pero sabe trascenderlos para dejarse atraer por la energía catalizadora de Dios, porque se mantiene en equilibrio, donde es neutral. Recuerda y olvida. Recuerda quién es y olvida lo que no es. Estos dos verbos son los principales.
Cap I del libro: El Ángel que hay en ti - Las 108 características del Ángel Autora: Antonella Ferrari

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