Por Marcelo Bulk
Cuando vine a vivir a Colombia, empecé a aprender una de las lecciones más valiosas de la vida: la flexibilidad. Significa estar dispuesto a ceder para mejorar una relación, escuchar a los demás, cuestionar viejos paradigmas y, a veces, cambiar la forma en que afrontamos la realidad.
A lo largo de los años, mientras observaba un país a menudo marcado por la polarización, noté algo que, al menos para mí, parecía mantener unidas a las personas: su flexibilidad natural. No es una solución perfecta, pero a menudo se vuelve el puente que permite a las personas avanzar a pesar de sus diferencias.
Por ejemplo, tengo una buena amiga que está realmente en uno de los extremos ideológicos, y aun así estaba abierta a tener una meditación espiritual con alguien que está en el extremo opuesto... No solo es funcional, realmente se apreciaban mutuamente.
Así que, compartiendo mis propias observaciones y experiencias, aquí van algunas reflexiones:
Ser flexible no significa ser permisivo. Significa reconocer tus prioridades mientras abres campo a los demás.
Tu flexibilidad no siempre será igualada por otros, pero a menudo es el primer paso hacia la comprensión y el acuerdo.
Cada negociación implica renunciar algo. La clave es abandonar lo que menos importa para poder preservar lo más valioso.
La flexibilidad es, en muchos sentidos, el arte de negociar tu camino en la vida. Deja que los demás vayan primero cuando puedas y a menudo verás que ellos harán lo mismo por ti cuando llegue tu turno.
Todos nos enfrentamos a desafíos, y cada uno de nosotros está haciendo todo lo posible por superarlos. Quizá una de las formas más sencillas de mejorar nuestras relaciones - y a veces nuestras vidas - sea ser un poco más flexibles.
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