Así como nos aseguramos de proteger y mantener nuestro bienestar físico, también debemos cuidar nuestro cuerpo energético o aura que nos rodea. Nuestra energía de intenciones, pensamientos, palabras, actitudes y comportamientos crea nuestra aura. Nuestra aura es como una lente a través de la cual percibimos el mundo. También es como el perfume que usamos, que irradiamos a quienes nos rodean.
Aferrarnos a nuestra propia negatividad o absorber la negatividad de las personas y situaciones, ensucia nuestra aura. Liberarla la purifica. Tu aura es blanca y limpia, brilla con fuerza a tu alrededor y lleva la huella de tu divinidad. Las energías de las personas y las situaciones no deberían dañarte ni manchar tu aura. Tu campo energético es más fuerte que todas las demás energías. Con meditación y estudio espiritual regulares, puedes fortalecer tu campo energético. Tu felicidad, paz y poder son escudos protectores a su alrededor.
Mantén tu aura libre de energías inferiores como la ira, el miedo, el estrés y el dolor
Cuando alguien se enoja contigo, ¿proteges tu energía y mantienes la calma? ¿O reaccionas, bajas tu energía y mancha tu aura? Somos responsables de mantener limpia nuestra aura, al igual que mantenemos limpio nuestro entorno. En todas nuestras interacciones, seamos nosotros quienes pensemos y respondamos con estabilidad.
Veamos la bondad en los demás e irradiemos nuestra bondad. Esta es la manera más fácil de proteger nuestra aura y experimentar salud, felicidad y armonía. El desorden emocional de pensamientos indeseados, emociones negativas, recuerdos desagradables, actitudes implacables y creencias limitantes mancha nuestra aura. Necesitamos liberarlos regularmente para purificarla.
Recuérdate a ti mismo todos los días: Mi aura es perfectamente blanca. La limpio y la fortalezco todos los días. Soy un ser poderoso. Mi aura limpia me ayuda a experimentar paz y felicidad eternas.

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