Existe un hábito silencioso en el que caemos: cargar con un peso que nunca estuvo destinado para nosotros.
No solo nuestras propias responsabilidades, sino también los resultados, las decisiones de los demás y las situaciones que escapan a nuestro control. Nos decimos a nosotros mismos que si no lo controlamos todo, se desmoronará.Pero ese peso no es responsabilidad, es una carga.
La responsabilidad consiste simplemente en hacer lo que nos corresponde.
La carga se compone de pensamientos como " ¿por qué? " , "¿y si...?" y " ¿quizás? ". Estos pensamientos no resuelven nada; solo hacen que la mente se vuelva pesada y confusa.
Cuando el intelecto está sobrecargado, la claridad se desvanece. En lugar de sentirnos guiados, nos sentimos agotados.
La creencia subyacente es esta: si no me encargo yo, nadie se ocupará de ello.
Pero esto no es cierto.
Tú no eres quien mantiene todo unido.
Tú eres el instrumento.
Un instrumento no transporta, sino que actúa. Al igual que un bolígrafo que simplemente escribe, tu papel es cumplir con tu parte con consciencia, no controlar los resultados.
Cuando sueltas lo que no te pertenece, la mente se aligera. Recuperas la claridad. Y gracias a esa claridad, tus acciones se vuelven más poderosas.
Dejar ir no significa dejar de preocuparse. Significa dejar de cargar.
Cada vez que sientas que el peso se acumula, recuérdate a ti mismo:
Esto no me corresponde cargarlo.
Y colócalo con cuidado en el lugar que le corresponde.

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