Por Elsa María Fríes
En el sendero del Raja Yoga, tal como lo enseña Brahma Kumaris, el alma humana es vista como una chispa eterna de luz, conciencia y poder. Cumplir nuestro propósito espiritual —ya sea despertar la paz interior, irradiar amor puro o servir al mundo con sabiduría— requiere tres cualidades esenciales: conocimiento, claridad y determinación. Estas no son solo atributos mentales, sino poderes del alma que, cuando se activan, nos alinean con nuestra verdad más elevada.
El conocimiento espiritual es el primer paso hacia la transformación. No se trata de acumular información, sino de recordar quién soy verdaderamente: un ser de paz, hijo del Alma Suprema. Este conocimiento incluye la conciencia del alma —saber que no soy el cuerpo, sino el alma que lo habita—; la comprensión del drama eterno, que nos permite reconocer que todo lo que sucede tiene un propósito dentro del ciclo del tiempo; y la conexión con el Supremo, aprendiendo a vincularnos con Dios, el Alma Suprema, como fuente de poder y amor.
Este conocimiento actúa como una brújula interna: nos libera de la ignorancia, del apego y del miedo, y nos permite tomar decisiones desde la sabiduría, no desde la reacción.
La claridad surge cuando el intelecto está limpio, libre de residuos emocionales y pensamientos inútiles. El intelecto es el instrumento que discierne y decide, y para que funcione correctamente necesita estar alineado con la verdad espiritual. La meditación diaria limpia el intelecto como el sol disipa la niebla; la introspección constante nos ayuda a reconocer y corregir motivaciones ocultas; y la honestidad con uno mismo permite que la luz del conocimiento se refleje sin distorsión.
Cuando hay claridad, el propósito se vuelve evidente. Ya no existe confusión entre lo que el mundo espera y lo que el alma necesita expresar.
La determinación es el fuego interno que convierte la visión en acción. En el camino espiritual, muchas fuerzas intentan distraernos: hábitos antiguos, dudas e influencias externas. La determinación es el poder del alma que afirma: “Voy a seguir adelante, sin importar qué”. Nace del amor por el propósito; cuando el objetivo es noble, el alma se llena de entusiasmo. Se fortalece con la práctica constante, y cada victoria sobre la debilidad refuerza la voluntad. Además, se sostiene con la compañía espiritual, ya que estar cerca de almas que también aspiran a la verdad nos inspira a perseverar.
Se dice que “el pensamiento determinado atrae la cooperación del universo”. Cuando el alma está firme, incluso las circunstancias se alinean para apoyar nuestro propósito.
Cumplir el propósito espiritual no es una tarea externa, sino una expresión interna. Con conocimiento, claridad y determinación, el alma se convierte en un instrumento de luz, capaz de transformar su mundo y el de los demás. En la práctica del Raja Yoga, cada día es una oportunidad para recordar, limpiar y avanzar.
Te deseo éxito en el cumplimiento de tu Propósito Espiritual del 2026.

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