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Pequeñas dosis de sabiduría para grandes momentos de insensatez. Semana 10

Por Dora Lucy Guarín

Luego de semanas continuas en confinamiento, me pasó que de tanto tomar distancia del mundo exterior y de otros, rompí todo distanciamiento de mí misma.  Y entre más largo el tiempo de confinamiento más me adentraba en mi interior y más parecía que el espacio dentro de mi mente se reducía… lo que pasó fue que la verdad se reveló: por muchos años había mantenido una población creciente de pensamientos y sentimientos mezclados que aparecían rápidos, indiscriminados y sin control; pero ahora, confinados en las cuatro paredes de mi casa interior, se encontraron hacinados y reclamaron medidas contundentes porque el virus invisible también les alcanzó. 



Diría que así pasó: el amor amplio e ilimitado, no supo en qué momento se extra-limitó y se confundió con la falta de respeto; la paz que solía acompañar al amor, de repente se alejó indignada por esa falta de respeto y la intolerancia quiso tomar su lugar. Ante tal desproporción, el poder, compañero incondicional del amor y de la paz, en medio de tal contagio reunió todas sus fuerzas para contenerlo pero olvidó la humildad. Entonces, la sabiduría quiso apoyar responsable y generosamente a sus compañeros pero se aferró a la ilusión del “deber ser” aumentando así el vacío del olvido y se desencadenó tal desequilibrio que la extroversión se posesionó completamente de la habitación de mi mente, y lo que podría haber sido felicidad y plenitud interior, terminó siendo un festín en el que los virus y bacterias de la negatividad, la falsedad y el olvido se esparcieron ruidosamente dejando a su paso malestar, tristeza, dolor, incertidumbre, miedo, intranquilidad, pesar, zozobra, caos. Este fue el panorama que la pandemia reveló, gracias a la introspección que el #yomequedoencasa posibilitó; luego muchas semanas de silencio introspectivo, la pureza llegó.  

Y con la sensatez de la energía maternal que le caracteriza, porque la pureza es la madre de la paz y la felicidad, obedeciendo a su genuino instinto de limpieza, precisión y verdad, llamó a sus hijos al orden. Sin ninguna cantaleta, sin el más mínimo rastro de molestia, mucho menos gritos ni chancletazos; y en cambio con toda su dulzura, firmeza y paciencia, la pureza tomó de la mano  a sus hijos y los compañeros de ellos, y con realeza los condujo con su luz y poder a la restauración de su armonía interior, a la esencia de su identidad perdida, a la experiencia constante de la verdad y autenticidad. Y fue así como la pandemia me dejó: con la casa en orden, limpia y resplandeciente; lista para emprender esta nueva y verdadera normalidad al interior de mi ser y compartirte el noveno principio de…

 

…MI   DECÁLOGO  DE PAZ Y FELICIDAD

 

 

Pureza: madre de la paz y la felicidad duraderas.

Si a una oleada de felicidad le sigue una de pesar, esa no es felicidad auténtica.

Si un momento de paz es interrumpido por otro de intranquilidad, esa no es paz verdadera.

Si mis días trascurren entre altibajos de felicidad-pesar y/o paz-intranquilidad, eso no es vida.

Para hacer mi vida digna y valiosa, adopto pureza (verdad, limpieza, transparencia) en cada pensamiento, palabra y acción… porque en ello encuentro la garantía para  experimentar paz y felicidad duraderas y constantes; esta pureza es vida, es bienestar.

 Ilustración: Will Eduardo Zambrano. Instagram: @willed_z, @periscopiotaller

 

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