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Pequeñas dosis de sabiduría para grandes momentos de insensatez. Semana 9

 Por Dora  Lucy Guarín

Desde que empecé este camino de despertar a una nueva conciencia (que en realidad es tan vieja como la eternidad del alma y tan olvidada como los buenos modales –según decía mi abuelita-) soy cada vez más cuidadosa al momento de comprar algún nuevo producto: acostumbro a leer las etiquetas de los alimentos que informan ingredientes, procedencia, etc. para dar prelación a lo saludable, lo  local, lo sostenible. Pero hasta hace 9 meses, era toda una proeza lograrlo porque incluso el maíz, producto insignia del continente americano, abundaba enlatado y en oferta en las estanterías de los supermercados con el esplendor del “Made in China”.  Y aunque estaba muy acostumbrada a ver esa etiqueta hasta en la sopa, la primera vez que escuché las palabras “Wuhan” y “Covid-19” hace 8 meses, me sonaron tan lejanas como La China y tan extrañas como el mandarín. Pero lo lejano se tornó cercano y lo extraño se hizo cotidiano, pues incluso las gotículas respiratorias viajeras del aire, llegaron con la famosa etiqueta: “Made in China”... ¡el poder de los chinos!

Un poder que parecía omnipresente… igual que el poder del coloso del norte, los power rangers, las chicas super-poderosas o el de los mass-media… Y entre tantos “poderosos” me pregunté: ¿Acaso sólo ellos son poderosos? Yo también puedo! Pero…¿En dónde encuentro mi propio poder? ¿Cómo activarlo?

Y con estas preguntas, cogí la sartén por el mango, sin importarme que en su base también dijera “Hecho en China”, y con golpes de conciencia -en vez de golpes de pecho- empecé mi propio cacerolazo interior diciéndome: si las gotículas viajeras del aire junto con el virus, ambas entidades físicas tan minúsculas, invisibles al ojo humano pero tangibles, lograron viajar tantísimos kilómetros e impactar contundentemente a miles de millones de personas en todo el mundo, entonces… ¿Cuánto impacto tengo el potencial de ejercer, yo, el alma, esa energía metafísica, infinitesimal, invisible al ojo humano, intangible en su forma eterna pero tangible a través de sus manifestaciones físicas?

El cacerolazo interior empezó a las pocas semanas de iniciar el coronavirus…! Y como toda manifestación, alcanzó su momento crítico hace unas cuantas semanas… tuve que establecer una mesa de diálogo interno, sistemático y profundo, que me mantuvo silenciada incluso para escribir mi contribución habitual a este blog. Aunque las conversaciones han avanzado significativamente, aún no terminan. En este octavo principio, encontrarás algunos avances:

 

MI   DECÁLOGO  DE PAZ Y FELICIDAD

 

 

Ejerzo mi poder del silencio

Por muy difícil que sea una situación, lo primero, lo mejor y lo único que puedo y debo hacer, es entrar en diálogo interior:  escuchar mis propios ruidos mentales de pensamientos y sentimientos convulsos, débiles y/o negativos, no para alimentarlos ni reprimirlos sino hacerme cargo de ellos:

*Entro al silencio interior para re-establecer la realidad y verdad de mi energía eterna y original: paz, amor, felicidad.

* Entro al silencio interior para re-establecer la única relación eterna posible: entre yo, el alma y el Alma Suprema; aquella que me reconforta, sana y fortalece;  y me llena de amor, plenitud y poder.  

Al reconocer la importancia de este poder, encontraré tiempo para ejercerlo constantemente.


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